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el chico del vídeo

al tanto que va de canto

El culto a la novedad es una de las características más relevantes de nuestro tiempo. Detrás del mostrador de un vídeo club se aprecia lo enfermizo de este culto. Es tal la veneración que sentimos por la primicia que el cine clásico no existe (el otro día entró un joven que me preguntó si teníamos pelis "viejas, de las de antes... de las primeras de Van Damme"), y los dos únicos géneros cinematográficos que se distinguen son la novedades y el resto. Ninguna película puede descollar durante más de treinta días, después de un mes, indefectiblemente, envejece.
Sin duda la veneración por la novedad es una expresión del culto al progreso. Pero he aquí el error de nuestra modernidad, y es que las novedades veneradas en mi vídeo club no son nuevas, no son originales, y no muestran ningún tipo de progreso respecto de sus antecesoras. Estamos adorando a una farsa de modernidad.
Únicamente en algunos chavales, en algunos niños es donde encuentro un reducto salvaje e impermeable a esta enfermiza tendencia. Son numerosos los niños que se empeñan en alquilar varias veces la misma película que ya les gustó en el pasado, esto las madres no lo entienden, y se enfurecen, y piensan que sus hijos, que no comparten todavía con ellas ese absurdo culto a la novedad, son estúpidos, simplemente porque prefieren una buena película a una nueva película.
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1 comentario

ella -

ni lo nuevo es malo por ser nuevo, ni lo viejo es bueno por ser viejo...

mírate con Lost in Translation, y mírame a mí, que aborrezco las de Clint Eastwood... :)

Eso sí, habré visto mil y una veces Mary Poppins ¡era terminar de verla y rebobinar para volver a cantar eso de "la niñera que buscamos la queremos sin verrugas" y "chimchimenea chimchimenea"...
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