Había esa luz incierta de las tardes otoñales de domingo en las que por fin ha dejado de llover y el sol no está muy seguro de si debe marcharse ya a tomar por culo o seguir iluminando unos minutos. El chaval y su madre no habían tardado demasiado tiempo en decidirse por no me acuerdo qué película. Además de al final de la semana estábamos al final de las fiestas patronales a las que ya sólo les restaban los fuegos artificiales. Las insípidas parejas habían estado toda la mañana alquilando insípidas películas. La tarde se arrastraba lánguida y sombría. Tengo que insistir en que estábamos en otoño y en que se trataba de una de esas tardes en las que todas las paredes parecen desconchadas y todas las bombillas están a punto de fundirse, y en lo de que todo el mundo aguardaba los fuegos artificiales para dar por concluidas las fiestas. Entonces el chaval mientras clavaba su mirada de rayos x en la moneda de cincuenta céntimos con la que jugueteaba sobre el mostrador, y mientras su madre me pagaba la película, murmuró: “Me estoy volviendo metálico”. Aunque había hablado muy bajito su madre y yo lo habíamos oído claramente. La madre primero lo miró sorprendida, pero luego le dijo sonriente: “Qué cosas se te ocurren”.
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Autor: Dr Zito
Fecha: 17/10/2005 15:04.
Autor: akkane
Fecha: 20/10/2005 14:30.
Autor: Sir Tomas
Fecha: 20/10/2005 18:28.
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